Guaido pierde credibilidad en venezuela.

Guaidó volvió a prometer este sábado «mantener la protesta hasta lograr la libertad».

La señora Castro sigue creyendo en el liderazgo del dirigente de Voluntad Popular. «¿A quién vamos a poner en su lugar?», se pregunta. Pero encuestadoras como Delphos detectan ya un descenso de su crédito entre la población.

Su rival Maduro tampoco sale favorecido en los sondeos y en las marchas progubernamentales, muchos de los asistentes suelen ser empleados públicos o pensionistas que reciben alguna compensación por acudir.

La desmovilización afecta a ambos bandos.

Robinson Paternina acudió a las marchas convocadas por Guaidó a comienzos de año, pero este sábado BBC Mundo lo encontró haciendo cola en una licorería de la zona de Bello Monte. «Antes había un río de gente en las marchas, pero ya no lo hay, porque no hay líderes», dijo.

Pese a que a principios de año, Guaidó trató de descabalgar al chavismo mediante acciones fulgurantes y de impacto, como el intento de ingreso de la llamada «ayuda humanitaria» el 23 de febrero o el frustrado levantamiento militar del 30 de abril, ahora insiste en que «no hay una fecha mágica».

Pero en un país con una historia llena de golpes militares y caudillos que lo gobernaron de manera autoritaria resulta difícil hacer que ese mensaje cale.

El propio Paternina reclama dirigentes que «hagan lo que hay que hacer, que digan que vamos a matarlos o a que nos maten».

«Como en Bolivia», concluye.

Cómo influye la política internacional

Las alusiones a Bolivia se repiten estos días.

A la hora en que Guaidó cerraba su marcha frente a la embajada boliviana, los seguidores del gobierno escuchaban en la otra punta de la ciudad a Diosdado Cabello, uno de los más poderosos dirigentes chavistas, clamar contra «el golpe de Estado» que derrocó a Evo Morales.

Marchas de la oposición y contramarchas del gobierno son una constante en la historia reciente de Venezuela.

Pero en unas y en otras cada vez se ve menos gente.

Josefina, hoy jubilada del sector del turismo, era asidua a las concentraciones del chavismo. Ha perdido esa vieja costumbre.

«Una marcha y marcha y al final todo sigue igual», cuenta, mientras busca el puesto de fruta con el mejor precio en un mercadillo de la avenida Baralt, a poca distancia del Palacio de Miraflores. Ella, como tantos otros se queja de lo dura que se ha vuelto la vida en el país, golpeado por una grave crisis económica.

El efecto contagio de Bolivia que anhelaba la oposición no se ha producido, al menos de momento.

Si Morales renunció cuando el alto mando militar y policial de su país le pidió que lo hiciera, en Venezuela, salvo esporádicas deserciones, las Fuerzas Armadas continúan del lado del gobierno.

Geoff Ramsey, analista del centro de análisis Washington Office of Latin America, indica que «Maduro construyó muchos lazos con los militares y ha mostrado mucha más habilidad para controlarlos que Morales».

La falta de concreción de las amenazas de Estados Unidos contra Nicolás Maduro ha sido otra de las razones que han hecho desinflarse a la oposición.

Washington repitió muchas veces aquello de que «todas las opciones están sobre la mesa» para derribar a Maduro, lo que parecía abrir la puerta a una intervención militar en Venezuela.

Pero el paso de los meses ha dejado claro que el gobierno de Donald Trump no va a ir más allá de la imposición de sanciones y la presión diplomática contra el mandatario chavista.

Aunque ha agravado sus problemas económicos, nada de eso ha servido para hacer caer al gobierno.

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