El ingenio no tiene límites.

Es tan grande la pasión por el fútbol que todas las emociones:   angustia, alegría, enojo, tristeza, llanto, resurgen desde lo más profundo de nuestro ser y se manifiestan en inexplicables e incontrolables acciones.  Incluso, en aquellas personas a las que no les entusiasma mucho este deporte, pero cuando juega el equipo representativo de su nación dejan fluir lo que sienten gritando los goles, celebrando el triunfo y entristeciéndose en la derrota.
 
El fanático por el fútbol es una persona que manifiesta la pasión y las emociones de euforia, tristeza e ira de manera desmedida y exacerbada.   Grita, insulta y golpea frente a la frustración, cuando el equipo no gana, no juega bien o frente a los errores del árbitro. Todas estas situaciones son el móvil  para que el sujeto dé rienda suelta a sentimientos profundos de malestar que están reprimidos y pueden traducirse en problemas de pareja, laborales, entre otros;   y los manifieste mientras mira el partido.   Pero cuando su equipo gana, igual se desborda la celebración hasta niveles asombrosos.